En solo unos años, los vehículos compartidos se han convertido en un elemento más del paisaje de las grandes ciudades. La velocidad con la que han florecido las empresas de alquiler de coches, motocicletas, bicis y, más recientemente, patinetes eléctricos, pone de manifiesto el suculento nicho de negocio que es la movilidad urbana. Sin embargo, y como es habitual, mientras la economía avanza (cada vez más) a ritmo digital, el derecho lo hace en analógico.
Noticia de El País